miércoles, 9 de septiembre de 2015

En nuestra congregación no le vamos a pedir que usted cambie


Esta frase usada como una manera de invitar a las personas para que asistan y se queden como miembros de cualquier congregación, no tienen ningún asidero en la Palabra de Dios; por lo tanto, no es cristiana en lo absoluto.

Es posible que muchos no lo digan o no lo escriban con esas mismas palabras que lleva el título, pero cualquiera se puede dar cuenta que esa es la política que tienen como “ministros” de una determinada comunidad de personas. ¿Cómo podemos darnos cuenta de ello? Porque la predicación y las actividades de tales agrupaciones no buscan confrontar la vida de ninguno de los oyentes que ocupan una silla en sus día de reuniones. El mensaje debe ser reducido para poder tener un grupo de personas más grande. La ortodoxia debe ser silenciada en los púlpitos para conseguir una gran masa heterodoxa.

Por otro lado, también es posible que algunas personas “profesantes” busquen hermandades donde no se les exija que ellos cambien en sus estilos de vida, sino que se les permita continuar viviendo con las mismas costumbres de toda la vida. Los tales se sienten muy cómodos como están y no tienen en sus planes personales ningún rompimiento con muchas de las cosas que durante muchos años les trae satisfacción a sus propias vidas (incluidos aquellos años de “incrédulos”). La Palabra de Dios no se equivoca:
Porque llegarán tiempos en que la gente no querrá escuchar la verdadera enseñanza que conduce a una vida recta y sólo buscarán rodearse de maestros que los complazcan diciendo lo que quieren escuchar. La gente dejará de escuchar la verdad y comenzará a dejarse guiar por historias falsas. (2Timoteo 4:3-4 Versión Palabra de Dios para Todos)
Por medio de este corto artículo quisiera que meditemos en este pensamiento humanista y posmodernista: “En nuestra congregación no le vamos a pedir que usted cambie”, con el propósito de alertar y ayudar a los hermanos quienes están en la búsqueda de un lugar donde reunirse para adorar, escuchar el mensaje de la Palabra y para la comunión con otros que han sido regenerados por el poder del Espíritu Santo.

Como usted lo debe haber notado, hasta el momento no me he referido a tales grupos de personas como IGLESIA; sino como congregaciones, comunidad de personas, agrupaciones, hermandades ¿Por qué no deberían llamarse iglesia? La respuesta la tendremos en los siguientes párrafos.

Tales agrupaciones no son Iglesias porque no predican todo el Consejo de Dios

Miremos la relación que existe entre la predicación de la Palabra de Dios desde el púlpito, con el cambio que debe observarse en el creyente que la escucha atentamente:
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. (Juan 17:17)
¿Cuál es el medio que utiliza Dios para santificar a Su pueblo? Respuesta.- La Verdad de Dios. Entonces, si no hay predicación fiel no hay santificación de los santos.

Albert Barnes comenta de este versículo de la siguiente manera:

La santificación en el corazón de un cristiano es progresiva. Consiste en volverse más semejante a Dios y menos apegado al mundo; consigue poner al creyente por encima de los malos pensamientos, pasiones y deseos impuros; y logra desconectarlo cada vez más de los objetos terrenales, y unirlo a las cosas que no se ven y son eternas.

Si en una agrupación de personas le prometen a usted que “no le van a pedir que cambie”; usted debe concluir entonces que en ese lugar no le van a predicar la Palabra de Dios que transforma al creyente genuino (santificación progresiva). En aquella “cofradía” usted no va a escuchar ningún mensaje que confronte su vida y sus pecados evidentes, ni sus pecados ocultos; porque la espada que confronta no está en aquel lugar ni en el corazón de aquella persona que dice predicar la Palabra de Verdad:
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12)
La Palabra de Dios, la Verdad, tiene un poder purificador.
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. (Efesios 5:25-27 – Subrayado añadido) 
Piense usted en lo siguiente: La ausencia de la Verdad de Dios en las sociedades humanas es la causa de toda la corrupción y degradación que nuestros ojos pueden ver alrededor ya que el pecado de los impíos no es confrontado y por tal motivo no tienen el mínimo temor al Dios Vivo. La ausencia de la Palabra de Dios que confronta las conciencias dentro de aquellas hermandades, no pone a tales personas en mejor estado espiritual que aquellos que nunca ha buscado una iglesia.

Algo que se observa en todos los tiempos de la historia del cristianismo es que, mientras que el Señor ora al Padre por la santificación progresiva de los suyos, como algo de alta estima y valor para Él; se puede ver que existen algunos quienes prefieren ocultar la Verdad que confronta, santifica y mortifica el pecado.

Cuando la Verdad es callada, no puede haber libertad verdadera.
Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él. (2Ti 2:24-26 – Subrayado añadido)
¿Qué pensaríamos de un lugar donde se dice predicar la Verdad, pero que en realidad se oculta? ¿Qué pensaríamos de aquel “ministro”? Si tal persona calla la Verdad, estaría haciéndole el juego al diablo, quien tendría enlazados a los pecadores sin la resistencia ni la oposición de nadie.

Donde no se predica la Verdad, no deben esperarse cambios en la persona profesante. Tampoco debe esperarse salvación verdadera. El deseo por la predicación de todo el Consejo de Dios, es una marca de un creyente verdadero:
Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor. (1 Pedro 2:1-3) 
De la misma manera como el cuerpo “desea” los alimentos sanos de una manera natural; así también el alma regenerada “desea” el alimento espiritual sano.

Tales agrupaciones no son Iglesias porque el Espíritu Santo no mora en ese lugar

El Espíritu Santo es Dios, es Todopoderoso, “no hay quien detenga Su mano y le pregunte ¿Qué haces?” El hace como Su soberana voluntad desea. ¿Cuál es la voluntad de Dios? La voluntad de Dios es la santificación del creyente (1 Tesalonicenses 4:3) Más adelante, el versículo 7 dice que Dios no nos ha llamado a inmundicia, sino a santificación. Estos pasajes implican cambio en la persona regenerada.

Hay otros pasajes que nos hablan de cambios en la persona salvada:
Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, (Romanos 11:30)
en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. (Efesios 2:2,3)  
Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. (Tito 3:3)
La Biblia habla que el creyente es una nueva criatura, con novedad de sentimientos, de pensamientos y de vida; nos dice que todas las cosas viejas pasaron y que todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17)

¿Quién hace esta obra de cambio inicial – santificación posicional – y de cambio continuo – santificación progresiva? Respuesta.- El Espíritu Santo
nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, (Tito 3:5)
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2Corintios 3:18)
En estos pasajes se observa el papel protagónico y poderoso del Espíritu Santo; en el versículo de 2 Corintios hay una implicación de una transfiguración gradual del creyente, un cambio que se va llevando a cabo de forma gradual mientras, por el poder del Espíritu de Dios, observa a Cristo el Salvador.

Esta cambio gradual, santificación progresiva, no es solamente un asunto de opinión intelectual, o un cambio de conducta (apartarse de pecados escandalosos); sino que es un CAMBIO DEL SER de la persona regenerada que ahora ansía ser como Cristo. Por otro lado debemos preguntarnos ¿No desea un creyente genuino parecerse cada vez más a Su Señor y Salvador? ¡Por supuesto que sí! Un creyente desea reflejar la gloria de Cristo en Su propia vida como testimonio del poder de Dios en la salvación del perdido.

Esa transfiguración a la imagen de Cristo es la señal que el poder de Dios actúa en el creyente, no solamente para salvarlo; sino para santificarlo.

La iglesia es columna y sostén de la Verdad (1 Timoteo 3:15)

La iglesia ha recibido la Verdad de Dios y tiene la responsabilidad de llevar dicha Verdad al mundo que se encuentra ajeno a la vida, a los pactos y a las promesas de Dios. Pero ¿Qué pasa cuando la iglesia se ha vuelto como el mundo?; ¿Qué pasa cuando dentro de la iglesia hay personas que no han cambiado y siguen viviendo la vida como cuando estaban en el mundo?

Lamentablemente, se debe decir que, en muchas cofradías el interés de las cabezas no es el de la santificación de las personas que han hecho una profesión de fe en Cristo y que se reúnen con los tales en un lugar determinado; sino que el objetivo es reunir a las personas para enseñarles a santificar lo que es profano. Me explico, se les enseña a “bailar rap santo”; “a pintar grafitis santo”, se les enseña a poner límites en la obediencia a Dios; se les da licencia para conformarse al mundo, se les instruye en una piedad falsa que carece de vida espiritual y cuyo fin es la condenación eterna.

Las enseñanzas actuales han roto su vínculo con la Biblia y la historia; las nuevas interpretaciones han introducido el liberalismo, el ecumenismo y el antinomianismo a las congregaciones donde, lamentablemente, la gran mayoría de profesantes las reciben con gozosos aplausos. Si usted se encuentra en una congregación de esas características, le ruego por el bien de su alma que abandone tal agrupación y busque una donde la Palabra de Dios sea predicada, donde ella sea realmente una Espada.

Quisiera hacer una cita final tomada del libro “La espiritualidad Puritana y Reformada” de Joel Beeke, paginas 3, 4:
Para Calvino, la piedad está arraigada en la unión mística (unio mystica) del creyente con Cristo. Así pues, esta unión debe ser nuestro punto de partida. Tal unión es posible porque Cristo tomó nuestra naturaleza humana, llenándola de Su virtud. La unión con Cristo en Su humanidad es histórica, es ética y personal, pero no esencial. No hay una crasa mezcla (crassa mixtura) de substancias humanas entre Cristo y nosotros. No obstante, Calvino declara: “Y no solamente está unido a nosotros en un lazo indisoluble, sino que, merced a una unión admirable que supera nuestro entendimiento, se hace cada día más un cuerpo con nosotros, hasta que esté completamente unido a nosotros” Esta unión es uno de los mayores misterios del evangelio. De la fuente de la perfección de Cristo en nuestra naturaleza, los piadosos pueden, por la fe, sacar lo que necesiten para su santificación. La carne de Cristo es el manantial del cual su pueblo deriva vida y poder.Si Cristo hubiese muerto y resucitado pero no estuviese aplicando su salvación a los creyentes para su regeneración y santificación, su obra habría sido inefectiva. Nuestra piedad demuestra que el Espíritu de Cristo está operando en nosotros lo que ya ha sido cumplido en Cristo. Cristo administra su santificación a la iglesia mediante su real sacerdocio para que la iglesia viva piadosamente para Él.
Soli Deo Gloria

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