miércoles, 19 de julio de 2017

¿Jugó Juan Calvino a los bolos en el Día del Señor?


Así es cómo la historia es falsificada y los buenos hombres difamados
(David Hay Fleming)

Hace un tiempo atrás, encontré un artículo muy interesante sobre el “Día del Señor” en el pensamiento de Juan Calvino.

No pude negar mi sorpresa en todo lo que yo había leído acerca de la forma en que muchos han manipulado la historia, el pensamiento y la práctica del reformador, para procurar imponer ideas y costumbres falsas con el propósito de rechazar un día consagrado completamente al Cristo Redentor de nuestras almas, como una excusa para seguir los deseos de la carne; esta última parte puede sonar muy audaz de mi parte, pero creo que no hay otra explicación para una lucha entre la consagración de nuestras vidas a Dios en este día bendecido y santificado por Dios, para mezclarlo con actividades egoístas y carnales, sin importar el nombre que se les quiera dar a ellas: relax, recreación, día de la familia, etc.

Cuando los hombres miran sus deseos personales, en lugar de ver a la Palabra de Dios, para conocer la voluntad perfecta mandada a nosotros por este Maravilloso Dios; aparecerán en la escena personajes que pasarán a la historia bajo la etiqueta de “tristemente célebres” que, difamaron a hombres como Calvino y falsificaron la historia para defender sus propias pasiones.

El articulo original se llama: “Juan Calvino en las manos de los filisteos: O Juan Calvino jugó a los bolos en el Día del Señor” y está escrito por Chris Coldwell (recordemos que la Biblia considera a los filisteos como un pueblo pagano).

Este artículo es algo extenso pero imperdible en cada punto presentado. Por razones de tiempo quisiera presentar un corto resumen de éste, enfocándome en dos puntos principales: El primero es el que lleva el título de este artículo; y el segundo, que Juan Calvino quiso cambiar el “Día del Señor” para el jueves o viernes (ya sé que eso suena como una locura, pero es lo que fue)

Aquí comienzo con los extractos:

Una muy durable anécdota acerca de Juan Calvino, el gran reformador protestante de Ginebra, es a menudo relatada por aquellos críticos de la visión Puritana del Día del Señor. Parece que el objetivo es demostrar que los reformadores no estaban contaminados con aquella “rigurosidad farisaica” en la observancia del Día del Señor; particularmente con respecto a la abstinencia de otros deportes y recreaciones permisibles en aquel día. En un Día del Señor, se ha dicho, el reformador escocés John Knox, hizo una visita a su amigo Calvino en Ginebra, el finado encontró, para su sorpresa, como un relato parecería indicar, al austero reformador de Ginebra participando de un juego de bolos.

A pesar que para algunos de estos autores es evidente el origen vago de esta historia, ellos aun han sacado conclusiones audaces de ella como si fuera un hecho verdadero. Mucho de esto, sin ninguna duda, se debe a prejuicios partidistas contra Calvino, o contra el punto de vista estricto de guardar el Día del Señor, o contra ambos. Sin embargo, seguramente aquellos que se aferran a la fe Reformada y estiman al Reformador, ¿dudarían en asumir como verdadera un cuento que algunos han hecho correr y que va en contra de la opinión hecha pública por el mismo Calvino? Si el Reformador creía que los deportes y las recreaciones en el día del Señor eran permisibles, entonces esta fábula sería simplemente algo curioso. Dado que esa no era su creencia; darle apoyo a esta novela deja a Calvino vulnerable a la acusación de inconsistencia, si es que no de hipocresía.

Pero es importante examinar la literatura Inglesa porque la anécdota se extendió y fue circulada a partir del siglo XIX en las obras Británicas y Americanas. Además, la controversia sobre el Día de Reposo Puritano en Inglaterra creó un ambiente que produjo eventos y literatura que tuvieron más que un rol tangencial en la determinación de la veracidad de aquella leyenda. Los puritanos apelaron a la posición de Calvino contra la recreación en los Días del Señor. Quienes lo acusan de quebrantar el Día del Señor por jugar a los bolos, hacen apelaciones contrarias a la práctica permisiva de Ginebra… Así que hay mucho material en la literatura inglesa para cubrir. Moviéndose principalmente hacia atrás en el tiempo, esto requerirá revisar:

1. En el siglo XX - Uso reciente de la leyenda del juego de bolos.

2. En el siglo XIX - La anécdota aparece en la literatura.

3. En el Siglo XVII - Búsqueda de referencias anteriores a este cuento.

4. En el siglo XVI – Aylmer juega a los bolos, y Knox visita Ginebra.

El punto de vista de Calvino sobre los deportes y los pasatiempos en el Día del Señor

En sus varios escritos sobre este tema, John Primus probablemente ha hecho lo mejor en los últimos tiempos para poner el registro correcto sobre la observancia del Día del Señor de Calvino. Demuestra claramente del 34º Sermón de Deuteronomio de Calvino que mientras la enseñanza de Calvino del Cuarto Mandamiento difiere de La de los Puritanos, la ética de cómo cada uno debe observar aquel día es similar. Primus escribe: "Calvino hace un llamado a una cesación literal y física del trabajo diario en el Día del Señor, no como un fin en sí mismo, sino para proveer tiempo para la adoración de Dios. La actividad recreativa también debe ser suspendida, porque tal actividad interfiere con la adoración tan ciertamente como lo hace el trabajo diario. 'Si pasamos el día del Señor haciendo ovaciones, y en el juego y la diversión ¿Es todo eso una buena forma de honrar a Dios? ¡No!, ¿no es esto una burla? ¡Sí! ¿Y no es esto despreciar Su Nombre?’”

Según el sermón de Deuteronomio numero 34 de Calvino, las recreaciones y los juegos deben ser excluidos en todo el día del Señor. Si la anécdota del juego de bolos es verdadera, debemos preguntarnos: ¿Practicó Calvino lo que predicó? Sin embargo, se espera que la siguiente investigación demuestre el poco crédito que debe ser dado a esta historia, al menos hasta que alguna evidencia firme indique que este cuento es más que rumores. Sería una especulación improductiva utilizar esta leyenda para formar alguna opinión sobre el carácter de Calvino.

Ciertamente, este cuento no debe usarse para demostrar la visión de Calvino acerca de la observancia del Día del Señor, cuando él ha predicado claramente en contra de la práctica relajada que el cuento ha sido usado para apoyar. Debemos confiar en las propias palabras de Calvino, no en lo que constituye una leyenda urbana, que puede ser simplemente una vieja mentira.

¿Quiso Calvino cambiar el Día del Señor para el jueves o viernes?

Como se indicó anteriormente, Hill toma muy en serio la acusación de Pocklington de que Calvino quería mover el Día del Señor al jueves. Este es otro cuento repetido a menudo que debe ser puesto a un lado. En este caso, Calvino incluso había respondido a una acusación similar de que él quería mover el día del Señor al viernes. Calvino escribe: "Pero un cargo más serio está involucrado en el rumor de que ellos han extendido diligentemente, de mis intenciones de transferir el día del Señor al viernes. La verdad es que, por mi parte, nunca he mostrado el menor signo de lujuria por tales innovaciones, sino mucho por el contrario”

Conclusión

El origen de la leyenda puede descansar en una suposición injustificada de que, debido a que muchos en Ginebra pueden haberse recreado e incluso jugado bolos en el día del Señor, que el mismo Calvino hizo lo mismo. Sin embargo, como se ha demostrado, la opinión de Calvino es claramente incompatible con tal suposición. La veracidad del cuento es muy dudosa. No se menciona en ninguna de las literaturas examinadas con respecto al Día del Señor desde 1583 hasta el año 1824, cuando Disraeli lo publicó, y su declaración de que este cuento era una tradición, podría indicar que no se hallará ninguna prueba firme que confirme el origen del relato.

Personalmente, animo a los hermanos pastores a investigar todas las fuentes citadas en este artículo, cuyo link paso a compartir más abajo.

Que el Señor sea glorificado, por medio de nuestro estudio personal.



lunes, 1 de mayo de 2017

¡Esparciendo flores sobre un cadáver!


Por Thomas Watson – “Las Bienaventuranzas”

Bienaventurados los puros del corazón, porque ellos a Dios verán. (Mat 5:8) – Versión Jünemann

La Moralidad Externa no es pureza de corazón. Una persona puede estar vestida de grandes virtudes morales como la justicia, la caridad, la prudencia y la templanza – y sin embargo ir para el infierno.

No debemos descansar en una mera moralidad externa.
Un puerco puede ser bañado, y continuar siendo un puerco.
La Moralidad baña a un hombre, la Gracia lo cambia.
La Moralidad puede brillar a los ojos del mundo, pero es tan diferente de la pureza como un pedrusco es diferente de un diamante.

¡La Moralidad es tan solo esparcir flores sobre un cadáver!

¡Un hombre que es muy moral, es tan solo un diablo domesticado!

¡Cuantos han hecho de la moralidad su “salvador”!
La Moralidad los condenará, así como el vicio condena.
Un barco puede hundirse con oro, así como con estiércol.

La persona moral, aunque no cometerá pecados asquerosos; sin embargo no será sensible a los pecados del corazón. Él no está preocupado por la incredulidad, la dureza del corazón, los pensamientos vanos. Él aborrece los pecados asquerosos, no los pecados que el evangelio expone.

¡La serpiente tiene una apariencia muy hermosa, pero tiene un aguijón mortal! De la misma manera, el moralista es aparentemente recto, pero tiene una antipatía secreta en contra de los caminos santos de Dios.

No se debe descansar en la moralidad, el corazón debe ser puro.
Dios quería que Aarón lavara las partes internas del sacrificio (Levíticos 9:14)
La moralidad solo lava lo externo, lo interno debe ser lavado.

sábado, 25 de marzo de 2017

Resolviendo los problemas en Colosenses 2:16,17


Colosenses 2:16,17 (R.V 1960):  16.Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.

Este pasaje, es a primera vista, el que habla más fuerte en contra de un día de reposo (sabbath) en el Nuevo Testamento y debemos darle el peso completo que merece. No tenemos derecho para hacerlo menos directo de lo que es, debemos tratarlo con cuidado, y seguir hacia donde nos lleve. Cualquier otro forma de tratarlo socava nuestras pretensiones de respeto por la inspirada e inerrante Palabra de Dios.

A primera vista, parece indicar que no hay un día de reposo que guardar para los creyentes del Nuevo Pacto, y esto es un problema para todos nosotros quienes profesamos creer que hay un día para ser guardado santo al Señor. No podemos pretender que este texto no existe, no podemos parpadear los ojos cuando leemos el capítulo, no podemos obviarlo en nuestra exégesis. Merece el peso completo que damos a cada otro texto en la Escritura, y debemos seguir su enseñanza. Deseo con todo mi corazón ser obediente a la Palabra de Dios y fiel a todo lo que dice.

Pero las primeras vistas, o lecturas superficiales del texto, no siempre son las mejores o más respetables maneras para manejar el pasaje y su doctrina. De hecho pueden ser engañosas y producir conclusiones deficientes. Cada texto de la Escritura debe ser tratado con un cuidadoso tratamiento exegético. Para muchos Bautistas Calvinistas, este principio es fácil de ilustrar. Creemos que la intención de Dios al enviar a su Hijo fue para obtener la redención para sus elegidos. Y sin embargo hay varios textos en el Nuevo Testamento que parecen enseñar, a primera vista, que Cristo murió por todos los hombres indiscriminadamente. Hemos tenido que trabajar a través de estos textos con cuidado y cautela antes de aceptar la doctrina de la redención particular. No hemos encubierto estos textos, pero si los sometimos a la exégesis en sus contextos, dando el debido peso a una variedad de consideraciones hermenéuticas. El resultado es que estamos convencidos que nuestro entendimiento del alcance de la muerte de Cristo es armonioso con las Escrituras.

Las mismas necesidades son genuinas para pasajes como Colosenses 2:16-17. Venimos a la Escritura con nuestras propias deficiencias, no siempre entendemos el lenguaje, la cultura, o la progresión teológica, y siempre debemos hacernos preguntas como ¿Estoy leyendo esto correctamente?, ¿Es posible que me falte alguna información que me ayude a entender mejor este pasaje? Por medio de preguntas como estas, necesitamos trabajar arduamente con las palabras de Pablo. Nunca debemos tergiversar la enseñanza de la Biblia
En aras de la brevedad, las palabras clave en nuestro texto son “días de fiesta, luna nueva y días de reposo”. Pablo dice que ellas son sombras de las cosas por venir, porque la realidad ha venido a nosotros en Cristo. Por esta razón, los Colosenses no deben permitir a nadie que los juzgue en referencia a estas cosas que son sombras. A primera vista, esta es una declaración clara contra cualquier observancia continua del día de reposo, y así yo pensé una vez. Pero al leer una nota al pie de página del comentario de John Lightfoot sobre este capítulo, algo importante me llamó la atención.

Siete veces en la Biblia, estas mismas tres palabras se usan juntas, y en cada caso se refieren al número total de los días religiosos de obligación para Israel. Los textos son 1Crónicas 23:31 (27-31), Nehemías 10:33, 2Crónicas 2:4 y 31:3, Isaías 1:13 y 14, Ezequiel 45:17, y Oseas 2:11.En todos los casos, las palabras se refieren a la plenitud de las observancias relacionadas con el tiempo ordenadas a Israel. A la luz de Levítico 23, sabemos que había días de reposo que no eran el séptimo día; sino que estaban asociados con las fiestas que fueron designadas como días de reposo, independientemente del día de la semana en que cayeran. Esta es la razón por la que la palabra días de reposo se refiere a todos los días: el séptimo día y todo el resto de los días de reposo, que debían ser observados por Israel.

Cuando leo Colosenses 2:16 y 17, y veo estas palabras juntas, recuerdo que el Apóstol Pablo fue completamente entrenado en la teología del Antiguo Testamento. Lo conocía  técnicamente, no sólo en términos generales, y habiendo sido él entrenado por eruditos de primera categoría, estaba familiarizado con todas sus complejidades y tecnicismos. Cuando veo a Pablo poniendo juntas todas estas palabras exactas en este lugar, le doy suficiente crédito para reconocer que las usa de la misma manera que se usan en todas partes en la Escritura inspirada. Como estas palabras son un paquete en cada uno de esos lugares, de la misma forma toda regla de la exégesis apoya la opinión de que son igualmente un paquete aquí.

Y así podemos decir con Pablo, en los términos más firmes: "todos los días asociados con el Antiguo Pacto ya pasaron. No debemos guardar días de fiesta, luna nueva y días de reposo - el séptimo día, la Pascua, la fiesta de los Tabernáculos, etc. Ya pasaron. La sustancia del cuerpo es Cristo. Él ha venido, y entramos en la plenitud de su venida”. Cuando miramos Colosenses 2:16-17 a la luz de la analogía de la Escritura, y vemos que el mismo lenguaje técnico es utilizado en otro lugar para describir un paquete de días del Antiguo Testamento, nuestro problema se resuelve. El apóstol no está hablando del fin absoluto de guardar cualquier día; más bien habla de la abrogación de todos los días judíos. Los cristianos gentiles, e incluso los cristianos judíos, no estaban absolutamente obligados a observar estos días del Antiguo Pacto.

Podemos decir a la luz de la analogía de la Escritura que tenemos un día diferente, un día que expresa la plenitud de nuestra redención en Cristo. Tenemos el primer día de la semana, un día que conmemora la Nueva Creación en Cristo a través de su resurrección de entre los muertos. Guardémoslo para la gloria de Dios.

Escrito por el pastor James M. Renihan

Traducido por el hermano Enrique Fernández

El artículo original se puede encontrar siguiendo este enlace: